Con una relativamente pequeña extensión de 19.192 hectáreas y situado en pleno corazón de las sierras béticas albacetenses, el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, declarado en el año 2005, constituye un importante reducto de biodiversidad, geodiversidad, cultura e historia.

 

El Parque Natural se ubica en el extremo suroccidental de la provincia de Albacete. Su superficie se encuentra repartida entre los municipios de Cotillas, Villaverde de Guadalimar, Vianos, Riópar, Molinicos y Yeste, y también entre dos grandes cuencas hidrográficas, la del Segura y la del Guadalquivir. El Parque limita además con la provincia de Jaén y con el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, el más grande de España, que junto a estas sierras albaceteñas forma una de las mayores y mejor conservadas masas forestales de la Península Ibérica.

   

Este territorio, situado a una altura media de unos 1200 metros, consta de una abrupta orografía, con algunos de los picos más altos de la provincia, como el Mentiras, en el Calar de la Sima y con 1896 m, o el Pico Argel, con 1699 m y coronando el Calar del Mundo.

 

Todos estos picos se ubican sobre grandes macizos calizos o karst, llamados “calares” en la jerga local (por la gran capacidad de calado de agua que tienen en su interior). Los calares destacan por su singular geomorfología y la mayoría tienen en común esa forma “amesetada”, formando montañas de cima aplanada, algunas de ellas muy extensas y claramente visibles desde el espacio como el Calar del Mundo, una mole de unos 22 km de largo y una media de 4-5 km de ancho; sin duda una de las unidades kársticas más claras y extensas de todas las cordilleras béticas.

 

En su superficie encontramos los ambientes que, originados por la disolución de la caliza por el agua, sustentan buena parte de la diversidad vegetal de este espacio: el paisaje kárstico, un entorno rocoso con afiladas crestas y agujas, profundos y oscuros pozos verticales (simas), vertiginosos precipicios, amplios pedregales y un auténtico tesoro geológico que es el gran campo de dolinas que se extiende por toda su superficie.

 

Las dolinas o torcas son depresiones redondeadas que actúan como embudos para el agua y como macetas naturales para la vegetación que se asienta en su fondo. En el Calar del Mundo podemos encontrar casi 1000 de ellas, creando un auténtico laberinto de roca. Podemos ver fácilmente la intrincada estructura de este campo de dolinas en imágenes de satélite, como una superficie lunar salpicada de cráteres. Y es que este es el segundo mayor campo de dolinas de la Península Ibérica.

 

Pero esto solo es la superficie. Bajo ella y a una escala muchísimo mayor, una colosal red subterránea de conductos, cavernas y galerías recoge y transporta las precipitaciones desde la superficie hasta numerosos acuíferos, conductos y sifones, volviendo a la superficie a través de manantiales, fuentes o cascadas de casi 100 metros de altura como la de Los Chorros del río Mundo.

 

De todo este sistema subterráneo destaca la Cueva de Los Chorros, que comenzó explorarse de manera profesional en la década de los 50. Hasta ese momento, lo único que se conocía eran los primeros metros, visitados por los lugareños como un lugar de peregrinación. En la actualidad, se han explorado más de 85 cavidades a lo largo de casi 50 km de galerías, todo ello dentro de la colosal montaña del Calar del Mundo. Pero la exploración de este lugar aún no ha dado signos de flaqueza, pues estamos ante el sistema subterráneo más largo de la mitad sur peninsular, y el octavo de toda la Península, quedando galerías aún por explorar en las entrañas de la montaña.

 

Tras recorrer esta compleja red subterránea, el agua emerge a través de la Cueva de Los Chorros, dando lugar al Nacimiento del río Mundo, el lugar más conocido del Parque Natural, declarado en 1998 como Refugio de Pesca de los Chorros del río MundoEl Nacimiento se halla ubicado en un valle de retroceso que forma un amplio semicírculo rocoso, un circo de vertiginosas paredes donde se abre la Cueva, desde la que el agua se precipita en una caída de 86 metros, formando una de las cascadas más espectaculares y bellas de España. Desde aquí, el caudal va descendiendo a través de pozas de aguas cristalinas conectadas por pequeñas cascadas y saltos, lo que los lugareños llaman "Las Calderetas".

  

Esta gran geodiversidad sustenta, en parte, la gran biodiversidad del Parque. Otro de los factores clave es su situación, en una zona de clima relativamente cálido pero con bastantes precipitaciones, que se concentran en una parte de su superficie, creando un marcado contraste entre el paisaje de la mitad noroccidental, de exuberante vegetación, y la suroriental, más cercana a los ambientes áridos del sureste peninsular. Y también debemos tener en cuenta la historia biogeográfica del lugar, es decir, su antigua conexión con los territorios del norte de África. Todo esto suma biodiversidad.

 

Desde los bosques de tipo atlántico que quedaron atrapados aquí tras las últimas glaciaciones, hasta los típicos bosques áridos del sureste peninsular, este espacio protegido aglutina una impresionante variedad de ecosistemas y especies. Para poner un ejemplo, en su reducida superficie se han contabilizado casi 1500 especies y subespecies de plantas, mientras que en toda la vecina Región de Murcia, de enorme valor natural, se han catalogado unas 2100.

 

Muchas de estas especies son endémicas de estas sierras, es decirno se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo. Algunas de ellas están extremadamente amenazadas, como Anthyllis rupestris, una pequeña planta de roquedos de alta montaña mediterránea catalogada como En Peligro de Extinción y con el 90 % de su población (mundial) recluida en la superficie kárstica del Calar del Mundo.

 

Si sumamos esta enorme diversidad vegetal a la también variada fauna y los hongos (con unos 250 taxones en el Parque), tenemos unos de los lugares más biodiversos de Europa y de toda la Cuenca Mediterránea, esta última uno de los principales puntos calientes de biodiversidad a nivel mundial. 

 

Aparte de la ya mencionada flora, la fauna de este Parque Natural no se queda lejos, con nada menos que 174 especies de vertebrados, entre los que destacan sin duda las rapaces, con algunos de los tesoros alados que han promovido la declaración de la mayoría de los espacios protegidos de esta región.

 

Desde pequeñas rapaces forestales como el azor o el gavilán, pasando por el casi siempre presente buitre leonado, el buitre negro (la rapaz más grande de Europa), el águila imperial, el águila real, el águila perdicera, el águila calzada, el halcón peregrino, e incluso el legendario quebrantahuesos, que está empezando a recolonizar sus territorios ancestrales y que se deja ver por aquí de vez en cuando. Por sus peculiares costumbres, las rapaces nocturnas no son tan conocidas y apreciadas, pero aquí constituyen otro grupo de gran importancia, cuya presencia se puede escuchar en las oscuras noches de primavera y verano.

 

También destaca la fauna de pelo (los mamíferos), con los típicos ungulados (cabra montés, ciervo, muflón, gamo y jabalí), roedores como el topillo de Cabrera (especie protegida) o el lirón careto, mustélidos como la garduña o la nutria; los reptiles, con la lagartija de Valverde a la cabeza, un icono de estas sierras y una especie exclusiva de las sierras béticas; los anfibios, con el raro sapo partero bético; y una tremenda y aún poco conocida diversidad de invertebrados, que seguro deparará bastantes sorpresas en el futuro, aumentando aún más si cabe el valor de este reducto natural.

 

En el entorno del río Mundo también encontramos una valiosa ictiofauna, los peces. Este es sin duda el grupo más amenazado y maltratado del Parque Natural, compuesto por especies como el barbo gitano, la colmilleja, el cacho y, por supuesto, la trucha común, que antaño formaba aquí una de las poblaciones más puras de la Península desde el punto de vista genético, motivando en parte la declaración del Refugio de Pesca de los Chorros del Río Mundo.

 

Una especie en concreto merece una mención aparte. El ser humano ha sido el principal factor modelador de la naturaleza de este territorio a través de la ganadería, la agricultura y la silvicultura. La conmovedora historia y la cultura locales son una muestra de ello. En cada pueblo y aldea, cual poblaciones aisladas que evolucionan por separado, encontramos una (id)entidad diferente, el producto de siglos y generaciones de esfuerzo, supervivencia y costumbres ancestrales. 

 

Estas tierras son, por derecho propio, un lugar de cultura ganadera, con una larga tradición en las sierras albacetenses. Ganado vacuno, ovino y caprino recorre incesantemente buena parte de estas montañas, sustituyendo o complementando a los herbívoros silvestres, manteniendo hábitats de importancia europea y mundial, y perpetuando el paisaje que vemos en la actualidad.

 

Parte de la cabaña realiza una larga trashumancia desde estas sierras hasta Sierra Morena oriental para evitar lo más crudo del invierno y la escasez de alimento en esta época, una evento que constituye una ventana a los mismos orígenes de la conquista de estos territorios. Cuna de bravos pastores, este Parque Natural evoca en nuestra mente las grandes peripecias de esta estirpe ya casi desaparecida.


 

Folleto del Parque Natural

  

Guía del Parque Natural

 


Páginas de interés

 

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Datos y documentación del Parque Natural

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